Homilía para el vigésimo octavo Domingo del Año - Año B - Mc. 10:17-30


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Jesús se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» Él, entonces, le contesto: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.» Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.» Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.


" Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!» Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.» Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.»


" Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús contesto: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.» "





Homilía:


" Jesús se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» "


Alguien corre hacia Jesús, probablemente porque el había escuchado que Jesús era una persona buena y caritativa. El Amor de Dios que esta en Jesús dibuja a el, este hombre quien es innomado por el evangelista, pero quien puede ser considerado un ejemplo para cada hombre o mujer a quienes esta dirigida esta narración. Todos nosotros ya hemos recibido, o recibiremos un día u otro, este llamado de la gracia, esta invitación de Dios para venir hacia Él. Y nosotros iremos de hecho a Él, porque su gracia es omnipotente: nosotros iremos a Cristo a preguntarle, con la ayuda de su gracia: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" ¿Pero que haremos nosotros después? La gracia de Dios es ciertamente omnipotente, ¡pero el hombre permanece libre! ¿Guardaremos nosotros nuestra libertad para nosotros? ¿O en cambio, le confiaremos nosotros ella a Dios para que él pueda guardarla eternamente en Él?


" Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.» Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. "


La gracia de Dios nos atrae a Jesús, nos lleva a Él para que nosotros podamos aprender a conocerlo en un amor perfecto. Pero este amor de Jesús es exigente: la religión Cristiana es una religión exigente, una religión que pide a los hombres y mujeres seguir a Cristo, renunciándose a ellos mismos así como a todas las otras criaturas. En breve, el que quiera estar unido a la persona de Jesús a través del amor de conocimiento y de vida debe renunciar a guardar su propia vida para sí: el debe confiársela a Dios para que Dios pueda cuidarla en Él eternamente! El amor de Jesús es exigente, porque Jesús es Dios, y nosotros debemos totalmente pertenecer a Dios, el Creador y Señor de todas las cosas! ¡La salvación del Hombre depende de esto! Esto es la razón por la que Jesús habla estas terribles palabras: "¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!"


" Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.» Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.» "


La Salvación es algo que es humanamente imposible: ¡Sin la gracia de Dios, nadie podría ser salvado! Pero con la poderosa ayuda de la gracia, esto se vuelve posible: "Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios." Para esto, nosotros debemos de dar todo a Dios: nosotros debemos, en espíritu, estar listos para darle todo a Él si él nos los pidiera hacerlo. Sobretodo, nosotros debemos estar listos para darnos completamente a Dios. Los Apóstoles los hicieron, y, siguiéndolo a ellos, lo hicieron una multitud de hombres y mujeres que estaban, a través de los tiempos, verdaderos y fervientes Cristianos. Es mas, San Pedro no dudo en testificarlo: "Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» "


" Jesús contesto: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.» "


Esto es extraordinario: cuando nosotros hemos dado todo a Dios, en espíritu o en realidad, el Señor mismo nos llena con sus dones, ambos espirituales y temporales. Y que don mas magnifico él nos da cada día, cada Domingo: ¡El Don de su Eucaristía! De hecho, ¿Cómo podríamos nosotros en no pensar que este precioso regalo del Cuerpo y de la Sangre de Cristo es el fruto del don de nosotros mismos a Dios? ¡Cuánto mas tengamos la intención de darnos al Señor, será mas su Eucaristía para nosotros el más precioso e inestimable regalo que pueda ser en esta vida! Pidámosle a María por esta gracia, la gracia del don de uno mismo, la gracia de dar nuestra libertad a Jesús, su Hijo, el Hijo de Dios mismo! ¡Que la comunión de hoy, nos dé una mayor reverencia para el Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo!