Homilía para el vigésimo séptimo Domingo del Año - Año B - Mc. 10:2-16


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?» Él les respondió: «¿Qué os prescribió Moisés?» Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla.» Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, "Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne." De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.»


" Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.»


" Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reprendían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.» Y abrazaba a los niños, y los bendicía poniendo las manos sobre ellos. "




Homilía:


" Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?» "


Jesús esta terminando su ministerio, yendo a Jerusalén por última vez: él entrará pronto triunfante la ciudad, en el Domingo de Ramos, unos días antes de su Pasión y Resurrección. Es en este tiempo que algunos Fariseos se acercan a Jesús para ponerlo a prueba. Y, bajo la influencia del espíritu de tentación, ellos no encuentran nada más insidioso que esta pregunta acerca del divorcio.


De hecho, Jesús, a través de su Pasión, la cual está incesantemente frente a sus ojos, especialmente ahora que la ultima batalla esta tan cerca, confirmará su alianza con su Iglesia, y, a través de ella, con toda la humanidad. Jesús es el Esposo de la Iglesia desde su Encarnación, y a través de su Pasión y de su Resurrección, Él sellará en su Sangre esta Alianza eterna en la cual el ha entrado a través de su perfecta y continua realización de la Voluntad de su Padre.


Así, haciéndole esta pregunta al Señor, los Fariseos ponen ante Él la tentación del divorcio; pero Él, fiel a la Voluntad de su Padre, tenía ya decidido contestar, como siempre, por el bien de su Esposa, la Iglesia: "Abbá, Padre, todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no se sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú." (Mc. 14:36)


" Él les respondió: «¿Qué os prescribió Moisés?» Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla.» Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, "Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne." De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.» "


Por su Pasión, Jesús unirá a todos los hombres a través de la fe en la virtud de purificación de su preciosa Sangre, derramada por los pecados de todos los hombres y mujeres a través de la historia. La Pasión de Jesús es el medio de unidad y comunión; el propio Señor expreso esto cuando es estaba por ser arrestado como un criminal: "Que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en tí. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado." (Jn. 17:21) Esta fue la oración de Jesús en la Víspera de su Pasión; no hay duda que él estaba pensando en las palabras que había hablado hace poco: "Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre."


La unidad entre los hombres es realizada en la Pasión del Señor; la unión de un hombre y una mujer en matrimonio no puede escapar de esta dimensión común para todos: esta unión debe de pasar a través del sufrimiento y del dolor. Si una unión entre un hombre y una mujer debe durar hasta la muerte, así como el Señor lo desea, entonces esta unión sufrirá de pruebas, pero pruebas que, como la Pasión del Señor, llevara a la Resurrección, ya en esta vida.


Porque el matrimonio es un sacramento, un gran sacramento, el sacramento que esta ciertamente el más cercano a la Eucaristía: estos dos sacramentos son de hecho signos reales de la unión de Cristo y toda la humanidad. Así, durante el matrimonio tenga algunas fases difíciles, no faltará ninguna ayuda de Dios para los esposos, especialmente la poderosa y efectiva ayuda del sacramento de la Eucaristía.


" Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reprendían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.» Y abrazaba a los niños, y los bendicía poniendo las manos sobre ellos. "


Jesús ama mucho a los niños. ¿No son ellos una expresión viviente de la unión de los esposos quienes le dan vida a ellos? Seamos como ellos, que su simplicidad y pequeñez sean un ejemplo para nosotros. Que Santa Teresa del Niño Jesús interceda por nosotros para que el Señor pueda concedernos la pequeñez del alma, así como niños tiene pequeñez del cuerpo! Que la Santísima Virgen María nos ayude a recibir la comunión dignamente en este día! Que ella ore por nosotros para que nuestra unión con Cristo en la Eucaristía pueda ser el fermento, que realiza la unión de todos los hombres y mujeres del mundo entero, crecer incesantemente!