Homilía para el vigésimo tercer Domingo del Año - Año B - Mc. 7:31-37


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Allí le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Jesús, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!» Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» "




Homilía:


" Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. "


Jesús continua predicando. El pasa a través de la región de la Decápolis y viene a un monte localizado al noreste del mar de Galilea, así como San Mateo nos dice: "Pasando de allí Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí." (Mt. 15:29) En pocos días, Jesús estará multiplicando los panes por segunda vez. Recuerden que él hace poco había multiplicado los panes: nosotros hablamos de esto hace pocas semanas.


" Allí le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. "


San Marcos, de quien nosotros estamos leyendo este día, es el único evangelista que relata con detalles, la llegada de este enfermo. San Mateo habla, en general, de muchas personas enfermas, diciendo: "Se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó." (Mt. 15:30) En cuanto a San Lucas, el no habla en absoluto de este episodio.


¿Así, que cual es la intención de San Marcos en describir este episodio de la vida del Señor? ¿No esta él tratando de ayudarnos a comprender, en el Espíritu Santo que le inspira cuando él escribe, el significado exacto y la importancia del milagro, que seguirá al que ocurrió en este día: el milagro de la multiplicación de los panes? Ciertamente! Porque la Eucaristía, de la cual la multiplicación de los panes es una figura, es un sacramento que nosotros podemos tocar con nuestro cuerpo antes de tocarlo con nuestra alma por medio de la Fe. Así, el enfermo que es presentado a Jesús ese día tocará a Jesús; o mejor dicho, es Jesús quien tocará al enfermo para sanarlo. De hecho, cuando los creyentes reciben la Eucaristía de las manos del sacerdote o del diacono, ellos están siendo tocados por Jesús: ellos reciben a Jesús en su cuerpo antes de recibirlo en su alma. Así, Jesús toca al enfermo quien es llevado a el para ser sanado: "Jesús, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua."


" Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!» Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. "


Para ser sanado, no es suficiente entrar en contacto corporal con Jesús: es además necesario que el poder de Dios que está en Jesús se manifieste y sea realmente ejercido! Ahora, ¿Por qué medio el poder de Dios es manifestado y ejercido? La respuesta es: por FE! Porque si Jesús, sana a un enfermo, el no lo hace como hombre, pero si como Dios, el Hijo de Dios encarnado! Y solo la Fe nos permite pensar sobrenaturalmente y decir con certeza que este hombre, Jesús, quien es semejante a todos los hombres en su exterior, no es solo hombre sino también Dios. Por consiguiente esto es verdaderamente la fe del enfermo, así como la fe de todos aquellos que lo acompañan y quienes lo llevan a Jesús, que permite a la Omnipotencia de Dios de manifiestarse y ser ejercida.


En este tema, recordemos esta otra sanación plasmada por San Mateo: "Al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces Jesús les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.» Y se abrieron sus ojos." (Mt. 9:28-30)


Así, recibamos además, con Fe, a Jesús en su Eucaristía! Si nosotros creemos que Cristo viene en nosotros para sanar nuestro cuerpo y nuestra alma, entonces no hay ninguna duda que él lo hará según la medida de nuestra fe! Pidámosle a Maria que nos ayuda a creer así como Ella siempre ha creído en Dios! Que Ella prepare nuestros corazones para recibir dignamente este grandísimo Sacramento, misterio de Fe y Amor!