Homilía para el vigésimo Domingo del Año - Año B - Jn. 6:51-58


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»


" Los Judíos discutían entre sí y decían: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el ultimo día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.» "




Homilía:


" «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes.» "


Continuando sus enseñanzas del Pan de Vida, Jesús explica en términos muy claros lo que el ha dicho, respondiendo a la oposición creciente de ciertos Judíos quienes no entendían - porque ellos no creyeron - como Cristo podría dar su carne y su sangre para comer. Jesús discutió usando un argumento negativo el cual, en dialéctica, es mas fuerte que el argumento afirmativo. Así, él dijo: "Si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes." Este argumento es categórico y refuerza el argumento positivo indicado muchas veces por el Maestro: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna."


Si alguien que permanece fiel a la gracia de su bautismo puede aspirar a heredar la vida eterna, nunca estará sin haber tenido por lo menos el deseo de la Santa Eucaristía recibida en la comunión. De hecho, el bautismo y otros sacramentos son ordenados para la Eucaristía y no tienen otro objetivo que prepararnos para recibir este muy grande Sacramento, el que nos permite participar en la vida de Dios mismo. Si, por consiguiente, hemos sido bautizados y luego confirmados, y estamos ahora totalmente conscientes de esto, nosotros todavía no hemos hecho algo para obtener la vida eterna, si nosotros no deseamos con todo nuestro corazón recibir la Sagrada Eucaristía y si nosotros no hacemos todo lo que podemos para verdaderamente recibirla, con toda la dignidad que es conveniente al Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo.


" «Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.» "


En este versículo de la Sagrada Escritura, en estas pocas palabras de Jesús, encontramos una síntesis de toda la vida Cristiana desde su principio a ese Día de la eternidad cuando Cristo resucitará nuestros cuerpos para la vida eterna. Toda la vida Cristiana esta arraigada en la vida Trinitaria, en esta vida que no tiene principio ni fin y que puede solamente expresarse a través de sí misma, esto es, a través de la Palabra de Dios en persona. Toda la vida Cristiana consiste en participar en esta vida Trinitaria, reproduciéndoselo bajo una forma humana a lo largo de nuestra vida. Esto es lo que significa la comparación hecha por Cristo, expresando: la vida Cristiana, que es de Cristo y de la Iglesia, es comparable para la vida Trinitaria, que es del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo.


Pero, esta es una vida Cristiana nutrida por la Sagrada Comunión, una vida Cristiana vivida en el amor de Dios y de nuestro prójimo, una vida Cristiana que no está limitada a la recepción del Bautismo, pero que va hacia la recepción del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en una digna y santa manera! En la luz de la comparación hecha con la vida Trinitaria, la vida Cristiana es por consiguiente una vida de comunión sobrenatural, una vida que debe superar los limites de nuestra propia persona, una vida de unión con Dios que debe llevar a la unidad de todos los Cristianos, así como a la unidad entre toda la humanidad, lo más lejos posible!


" «El que coma este pan vivirá para siempre.» "


Una vez más, Jesús nos dice: ¡la vida eterna está en la Eucaristía! Así, preparémos nuestro corazón y toda nuestra alma para ¡la recepción de este gran Sacramento! Pidámosle a María, ¡que nos dé su corazón y todo su amor para que nosotros podamos recibir dignamente el Cuerpo de su Hijo! Que la comunión de hoy nos dé verdaderamente la vida eterna que está en Dios, y que nos dé la salvación! ¡Que nuestra comunión sea para todos una fuente de unidad y de paz!