Homilía para el decimoséptimo Domingo del Año - Año B - Jn. 6:1-15


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Después Jesús paso a la otra orilla del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales milagrosas que realizaba en los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí en compañia de sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.


" Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?» Se lo preguntaba para probarle, porque él sabia bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.» Otro discípulo, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pesces; pero ¿qué es esto para tanta gente?» Jesús les dijo: «Haced que se recueste la gente.» Había mucho pasto en aquel lugar. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.» Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.


" Al ver la gente el signo que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.» Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hecerle rey, huyó de nuevo al monte él solo. "




Homilía:


" Después Jesús paso a la otra orilla del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales milagrosas que realizaba en los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí en compañia de sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. "


Es un año antes de la institución de la Santa Eucaristía en la última cena del Señor. Jesús realiza algunos milagros: el sana los enfermos, el expulsa a los demonios, el calma el viento y sosiega la tormenta. Todo esto está hecho para dejar una impresión en nuestras mentes, para hacernos entender que este hombre que la gente ve no es solamente un hombre, sino también Dios: ¡El Hijo de Dios en persona! Ciertamente, Jesús quiere hacer mucho bien para todos los que él conoce, él quiere brindar ayuda y aliviar a todos en la miseria y enfermedad. Pero lo más importante de todo es la conversión de los corazones: Jesús quiere que creamos en El, él quiere que todos los hombres y mujeres del mundo lo reconozcan a El como Dios! ¡Esto es él porque Él realiza milagros!


" Jesús les dijo: «Haced que se recueste la gente.» Había mucho pasto en aquel lugar. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. "


El milagro realizado aquí por Jesús es tan fascinante que San Agustin, en su Tratado 24 en San Juan, podría ir tan lejos en decir que el milagro de la multiplicación de los panes es tan inusual y excepcional que el eclipsa, en nuestros espíritus, las acciones diarias del Señor en nuestras vidas, acciones que son tan grandes y prodigiosas que ellas pueden guiarnos a una muy grande veneración de la omnipotencia de Dios, si nosotros ponemos atención a ellas. De hecho, ¿No manifiesta el gobierno y la orden perfecta del universo entero la omnipotencia de Dios en nuestras vidas aun más que la alimentación de cinco mil personas, lo cual fue algo excepcional pero que ha ocurrido solamente pocas veces? ¿No nos guía la Providencia de Dios en una más profunda y más intima fe, desde que siempre está con nosotros?


" Al ver la gente el signo que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.» "


¡Jesús, de hecho, es el profeta que vino al mundo y quien regresará al final de los tiempos! ¿Pero, creemos nosotros verdaderamente esto? Si examináramos nuestra conciencia, ¿encontramos que nosotros, tenemos una fe que sea suficientemente profunda en creer verdaderamente y sinceramente que, lo que Jesús hizo cuando él estaba con nosotros, es algo que él puede hacer otra vez hoy, si él lo desea, a través de su Espíritu quien está aquí y quien nos cuida en nuestra vida diaria? ¿Quién negaría que lo que Cristo había hecho una vez, él puede hacerlo otra vez, por ejemplo hoy? ¿Podría alguien que se llame a sí mismo Cristiano y quien cree en Cristo negar que la omnipotencia de Dios está en el trabajo, en su vida, ahora y cada día que el Señor le da? No, el no puede... Por el contrario, cada Cristiano debe repetir lo que fue hablado por los Judíos del tiempo de Cristo: "Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo."


" Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hecerle rey, huyó de nuevo al monte él solo. "


Jesús se escapa de la multitud que quiere hacerlo rey. Después de la fama y gloria que él gano por sus milagros, Jesús se marcha solo. Él quiere que entendamos, a través de esto, que la Omnipotencia de la cual él es el maestro absoluto, es destinado, sobre todo y especialmente, para un suceso eterno, y no para una satisfacción temporal. La Omnipotencia de Dios siempre se nos manifiesta en la Cruz y a través de la Cruz, porque es esta misma Cruz que es nuestro poder, como San Pablo lo afirma: "La predicación de la cruz es una locura para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios." (1 Cor. 1:18) ¡Que la comunión de este día, que ésta participación en el Sacrificio de la Cruz, sea para nosotros el poder de Dios! ¡Que la Santísima Virgen Maria, para quien el Omnipotente realizó milagros, nos ayude a través de su oración!