Homilía para el decimoquinto Domingo del Año - Año B - Mc. 6:7-13


por el

Canónigo Dr. Daniel Meynen
 
 

" Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja, dinero, sino que llevaran calzado corriente y un solo manto. Y les decía: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.»


" Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. "




Homilía:


" Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. "


Jesús continua su ministerio en Galilea. Y para lograr aún más trabajo apostólico en un mayor numero de lugares, el Señor envía a sus discípulos, los doce que él ha escogido. Cristo envía sus Apóstoles en misión: está de acuerdo con la decisión del mismo Señor, y por su orden, es que los Apóstoles anunciarán las Buenas Nuevas del Reino, expulsando demonios y sanando los enfermos. Es también siguiendo a Cristo y por su orden que la Iglesia de cada tiempo, y así la Iglesia de hoy, anuncia la venida del Reino de Dios. La Iglesia nunca realiza su misión sin hacer referencia al Orden de Dios, su Señor y Maestro!


Jesús envía a sus discípulos de dos en dos. Solamente San Marcos, menciona este detalle en su Evangelio: San Mateo (10:5) y San Lucas (9:1) no hablan de ello en esta ocasión. Pero, en otro pasaje, san Lucas dice: " Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades..." (10:1) Esto tiene un profundo significado que necesita ser explicado. De hecho, cabe mencionar que el discípulo del Señor nunca esta solo: el esta siempre acompañado por otro discípulo del Señor, que es, un hombre o una mujer no escogido por el mismo discípulo, sino una persona a quien el mismo Señor escogió para que sea su compañía y su auxiliar en el apostolado. Esta persona puede ser un igual, pero también puede ser un superior, quizás incluso el mismo Papa. La misión de la Iglesia es siempre lograda en la compañia de otros: ¿No es la misma Iglesia un "cuerpo", el Cuerpo Místico de Cristo?


" Les ordenó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja, dinero, sino que llevaran calzado corriente y un solo manto. "


Si el Señor tiene cuidado en escoger a sus discípulos para asegurar un buen comienzo para la misión que él les confía, el también tiene cuidado que la misma misión proceda bien. Los discípulos no tienen que preocuparse mucho acerca de las necesidades temporales y materiales de su misión: la Providencia está ahí para cuidar todas sus necesidades. Para los discípulos, lo mas importante es llevar a cabo la orden del Señor y predicar el Reino de Dios. Si los discípulos hacen esto, entonces el Señor, quien es Todopoderoso en el Cielo y la tierra, abrirá los corazones de sus creyentes, y ellos a su vez proveerán las necesidades de los predicadores. Todos los Cristianos pueden experimentar esto: si ellos anuncian el Reino de Dios, en su vida cotidiana, viviendo en santidad y dando testimonio abiertamente de su Fe en Cristo, ellos vivirán felices en la tierra, y, si ellos deben tener pruebas que sufrir, ellos encontraran su consuelo en estas mismas pruebas.


" Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. "


Los discípulos del Señor deben anunciar la Cruz de Cristo. ¡Que esto sea para la gloria de todos nosotros! ¿No dijo San Pablo esto: " En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (Gal. 6:14)? Todos nosotros podemos, seguiendo los pasos de los Apóstoles, expulsar demonios y sanando los enfermos. Si nosotros vivimos nuestra fe profundamente, si nosotros permanecemos fieles a la gracia de Dios recibida en el bautismo o recuperada a través de la penitencia, si nosotros tienemos cuidado en compartir nuestra fe y en comunicarla al mundo entero, Dios estará siempre con nosotros y logrará su trabajo en nosotros y a través de nosotros. Los demonios serán expulsados y los enfermos serán sanados!


¡Recibamos la Eucaristía hoy! En la Eucaristía, todos los sacramentos encuentran su fin y su significado. Así, si nosotros no podemos ungir a los enfermos con aceite, lo cual es hecho por el sacerdote cuando administra el sacramento de los enfermos, recibamos la comunión con fe y con fervor: ¡pidámosle a Dios la sanación de todos los enfermos y la conversión de todos los pecadores! Unámonos a Maria, recibamos la comunión con ella y por ella, ¡para que su acción maternal pueda sentirse en toda la Iglesia y en todo el mundo!